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Epa profe!: Ocho momentos mundiales

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¡Paren todo!. Bueno, no todo. Un nuevo mundial de fútbol está en marcha. En 88 años de historia se juega por primera vez en Rusia. En todo ese tiempo que pasó, el fútbol ha cambiado bastante. En el primer mundial, realizado en Uruguay en 1930, solo participaron trece países y, mientras los primeros partidos de ese certamen se jugaban, ni siquiera el estadio Centenario estaba terminado por contratiempos climáticos. Hoy, esa informalidad sería imperdonable. En Rusia, Putin y sus amigos se gastaron 14 mil millones de dólares – el mundial más caro de la historia- para que 32 selecciones jueguen a la pelota. Equipos que se van a repartir una bolsa de 719 millones de dólares en menos de un mes. Cifras exorbitantes que dejan en ridículo la inocencia de los primeros mundiales, en donde lo más novedoso era lo que Benito Mussolini hizo en el mundial de Italia de 1934: transmitir los partidos por radio.

En 88 años de mundial han pasado muchas cosas y cada uno de ellos no estuvo ajeno a lo que sucedía más allá de las canchas. El fútbol como un recreativo social, como negocio, como propaganda, como catalizador nacionalista y afirmación cultural. El fútbol como locura colectiva. En cada mundial hay una pizca de esos ingredientes. Desde sus comienzos, el mundial se transformó en la emancipación del fútbol del amateurismo y el monopolio monetario de otros torneos como los juegos olímpicos, hasta convertirse en un preciado objetivo político de cada país que lo quiere organizar. Sin embargo, en casi un siglo de este evento global, existen aspectos que son inherentes al dinero y a los hombres de traje, como las victorias agónicas, las inmerecidas derrotas, las dulces revanchas, las dolorosas patadas y  por supuesto, algunas extrañas peculiaridades.

Aquí van algunas de ellas.

El paraguayo que jugó un mundial por España

Eulogio Martínez con la camiseta del FC Barcelona.

Eulogio Martínez, alías «Kokito» fue un hombre récord. Figura histórica de Libertad, formó parte del  equipo paraguayo que ganó a conjuntos históricos como el Partizán de Belgrado y al River Plate de Ángel Labruna y Amadeo Carrizo a mediados de los años 50s. Pero no solo eso, fue durante tres temporadas (entre 1956 y 1960) el mayor goleador del Barcelona de España, con el que consiguió marcar 105 goles en partidos oficiales. El Paraguayo supera a jugadores históricos del club catalán como Johan Cruyff, Xavi Hernández o Ronaldinho. Y como si fuera poco, fue el primer jugador en marcar un gol en el Nou Camp y hacerle otros cuatro goles al Real Madrid en solo 15 minutos por un partido de la Copa del Rey. Sí, «Kokito» era una locura.

Con todos esos números, los españoles no evitaron nacionalizarlo para el mundial de Chile 1962, al que Paraguay no pudo asistir. En esa selección Eulogio Martínez compartió delantera con Alfredo Di Stéfano y Ferenc Puskás, quienes junto al uruguayo José Santamaría eran los otros tres nacionalizados por España. Con ese equipo y el éxito de los equipos españoles en Europa, la selección española tenía muchas expectativas de llegar lejos. Sin embargo, quedó eliminada en primera ronda. Alfredo Di Stéfano se lesionó antes de comenzar el mundial, Ferenc Puskás ya no estaba en su mejor época y cayeron en grupo en donde perdieron contra Brasil y Checoslovaquia. España volvió a casa pronto.

De los tres partidos que disputó España en ese mundial, «Kokito» Martínez jugó solo uno y no consiguió marcar ningún gol. Luego del mundial, Martínez jugaría en el Atlético de Madrid y terminaría su carrera en el CE Europa, también del fútbol español. Kokito se quedó a vivir en España y un día mientras cambiaba las ruedas de su auto, fue atropellado por otro vehículo. Luego de 23 días en coma, fallecería a los 49 años.

Los Oriundi de Mussolini

Italia, campeón del mundo en 1934.

En la primera mitad de los años 30s la Italia de Benito Mussolini tenía todo lo necesario para organizar un mundial. El fascismo ofrecía estabilidad, seguridad y un buen presupuesto para la organización. El mundial era una buena excusa para que Mussolini pueda proyectar una imagen de poder y grandeza hacia el mundo. Era un momento que el Duce no podía dejar pasar. Sin dudarlo puso a la cabeza de la Federación de Fútbol Italiana a uno de sus generales y gestionó todo lo necesario para que los partidos del mundial sean por primera vez transmitidos por radio.

Sin embargo, lo más novedoso fue la creación de los «Oriundi». Un conjunto de jugadores rioplatenses de ascendencia italiana que fueron repatriados por el Duce para jugar en el Calcio y por supuesto, defender la «azurra» en su mundial. Decenas de jugadores argentinos, brasileros y uruguayos fueron a jugar y nacionalizarse italianos con este sistema. Hoy en día es común ver a cientos de jugadores  nacionalizados o defendiendo equipos diferentes a su lugar de nacimiento, una tendencia que llegó a su cumbre con el campeonato obtenido por Francia en 1998.

En Italia 1934 el mayor ejemplo de los oriundi fue el argentino Luis Monti, que jugó la primera final con la selección argentina y cuatro años después repetía lo mismo con Italia, en donde se consagraba campeón a pesar de violar un artículo de la FIFA que afirmaba que «El jugador que haya representado a una Asociación Nacional en partido internacional no será calificado para representar a otra asociación sino después de un plazo de tres años de residencia en el territorio de su nueva Asociación». Monti todavía no cumplía con ese período de permanencia. Poco importaba eso, Italia 1934 fue la copa del Duce.

La historia de la Verdeamarela

Brasil utilizó por primera vez la verdeamarela en Suiza 1954.

La «verdeamarela» ha de ser el conjunto deportivo más representativo del fútbol mundial. Pero hubo una época en que Brasil vistió de blanco. Es más, hasta 1950 fue el color original de su indumentaria. Sin embargo, para el mundial de Suiza de 1954 los brasileros decidieron cambiar de color como una forma supersticiosa de dejar atrás el trauma del maracanazo, que aún resonaba en el imaginario brasilero. Brasil cambió el blanco por el azul, pero tampoco le dio suerte: con ese color perdió la final de la Copa América contra Paraguay en 1953 en Lima.

La solución la tuvo el diario carioca Correio da Manhã. El medio propuso un concurso nacional en busca de un nuevo diseño para la indumentaria nacional. La premisa era simple: había que combinar los cuatros colores de la bandera nacional. Uno de los participantes fue el propio autor del cartel del mundial de 1950. Obviamente, todo lo que hacía recordar a ese mundial era rechazado y la propuesta fue negada. El ganador fue un desconocido diseñador del sur del Brasil de nombre Aldyr Garcia Schlee. Su diseño, con la camiseta amarilla, los pantaloncitos azules y las medias blancas fue la elegida y sigue vigente hasta la fecha.

Lo único que no sabían los organizadores del concurso era que el joven Aldyr era en realidad, ¡hincha de Uruguay!. Poco importo aquello, con su diseño Brasil ganaría cinco copas del mundo y se transformaría en un mito.

Pickles, el perrito británico

La aventura de Pickles apareció en todos los medios internacionales

Tres meses antes de que comience el mundial de Inglaterra 1966, el trofeo de la copa desapareció misteriosamente. La Jules Rimet fue robada en una exposición de sellos en la ciudad de Londres. La copa estuvo exhibida ahí con el objetivo de atraer a más personas al mundo de la filatelia. Sin embargo, el fútbol y los sellos no tienen mucho en común, alguien decidió que la copa estaría mejor en otro lado y se la llevó luego del primer día de la exhibición. Inglaterra y la Scotland Yard, enloquecieron.

Unos días después la policía británica recibe un carta. Un tal Jackson solicita 15.000 libras para devolver la copa. La Scotland Yard rastrea la carta que recibió y se encuentra con que el tal Jackson es estibador londinense de 47 años con malos antecedentes. La policía lo busca y lo detiene. Sin embargo, Jackson no tiene la copa. Solo era un hombre desesperado en pagar sus cuentas y la decepción se apodera de Inglaterra.

Del robo habían pasado nueve días y nadie sabía nada. Hasta que David Corbett, un vecino de Beuhall Hill, un pueblito al sur de Londres sacó a pasear a su perrito Pickles. Un can de color blanco, con manchitas negras y que no tenía una raza definida. Durante el paseo, Corbett observó que su perro no se alejaba de un objeto y decidió saber que era. Encontró un bulto envuelto en un papel, que al sacarlo dejó a la luz la Jules Rimet. Corbett corrió, dio aviso a la policía y los organizadores del mundial respiraron aliviados.

Pickles fue declarado héroe nacional. Fue condecorado por una asociación de mascotas y recibió comida gratis de por vida de una reconocida marca de alimentos para perros. Además, él y su dueño participaron de la final de la copa, en donde Inglaterra saldría campeón. Pickles tendría un trágico final, moriría ahorcado con su propia correa un año después en un accidente casero. Su muerte sería noticia en todo el mundo.

El mundial de Corea del Norte

Alegría norcoreana luego de ganar a Italia 1-0. Inglaterra 66′.

En 1966 Corea del Norte fue el único representante asiático en el mundial de Inglaterra. La selección del dictador Kim Il Sung haría su preparación en la Unión Soviética, en donde iban a ser entrenados rigurosamente para enfrentar en el mundial a tres equipos complicados: Italia, Chile y la propia URSS. Los norcoreanos sabían de sus limitaciones y lo único que deseaban era lograr una victoria para volver con honores a su país. El primer partido contra la URSS cayeron 3-0, el segundo contra Chile les fue mejor y consiguieron un empate de 1-1. Sin embargo, el tercer partido contra Italia sería histórico.

El partido, que se desarrollo en la ciudad de Middlesbrough, tenía que ser un trámite para los italianos que solo necesitaban un empate para pasar de ronda. Sin embargo, en el minuto 41’ del primer tiempo un desconocido jugador norcoreano de nombre Pak Doo Ik abre el marcador de un zapatazo para sorpresa de todos. Italia no logra reponerse de este golpe y queda eliminada en primera ronda. Los norcoreanos, incrédulos de su triunfo, están preocupados. Su presupuesto solo abarca la primera ronda y ante la falta de recursos se instalan un convento de Liverpool donde le proveen de techo y comida.

En cuartos de final se encuentran con Portugal. Y para sorpresa de todos, en menos de 24 minutos están ganando 3-0 al equipo del mítico Eusebio. Un golpazo que iba a durar un instante. La Pantera enloqueció y marcó cuatro goles en partido que Portugal lo dio vuelta 5-3. La aventura norcoreana llegaba a su fin.

Sin embargo, a los oídos de Kim Il Sung llegó una noticia inesperada. Los norcoreanos fueron vistos festejando en una discoteca luego de la victoria contra Italia. Para el dictador comunista aquello fue un sacrilegio que ensuciaba el honor de sus jugadores. La selección sufrió un duro castigo en el gulag de Yodok. Uno de ellos muere en ese lugar y el resto sale luego de diez años. Aquí un resumen del partido contra Portugal.

El mundial de los generales

Argentina logró su primer campeonato mundial durante una dictadura militar.

Argentina se reconcilió con la FIFA en 1978. Durante muchas décadas los argentinos vieron frustradas sus intenciones para organizar un mundial en su país. Una situación que los llevó muchas veces a negarse a participar en los mundiales. Sin embargo, en aquél año todas las rencillas quedaban olvidadas. El problema era que Argentina se encontraba bajo una dictadura militar y el evento deportivo le servía como una pantalla para tapar las denuncias a las inhumanas violaciones a los DDHH que sufría su población. Eran los años duros de la Operación Cóndor y sus consecuencias eran silenciadas a cambio del fútbol.

Holanda y Bélgica se ofrecieron a organizar el mundial en vez de Argentina. Pero la FIFA se negó, ese mundial era de la albiceleste. Además, el conocido partido contra Perú fue otra nota particular en aquél mundial. Los rumores decían que aquel resultado nunca hubiera pasado sin un soborno, qué los peruanos se habían vendido. Sin embargo, Argentina tenía un buen equipo con Mario Alberto Kempes a la cabeza. La albiceleste iba despejar todas las dudas con la victoria por 2-1 ante Holanda y se convirtiera campeón por primera vez en su historia.

El partido de la final se disputó en el estadio Monumental de River, en el barrio de Núñez. Solo a unos metros de ahí se encontraba la Escuela Superior de Mecánica de la Armada, el centro de detenciones y torturas más siniestros de la dictadura argentina. El periodista Ezequiel Fernández Moore se explayaría sobre la influencia política de aquél mundial en una nota para el New York Times.

El Milagro de Berna

Alemanes festajando su primer campeonato mundial en Suiza 1954.

Para el mundial de Suiza en 1954 la mejor selección era la de Hungría. Un equipo imbatible que llevaba cuatro años sin perder un partido. Había ganado el torneo de fútbol en las olimpiadas de 1952 en Helsinki y tenía una delantera letal formada por: Ferenc Puskás, Sándor Kocsis y Zoltán Czibor. Era conocido como el «equipo de oro». Un mote que lo hizo valer durante todo mundial de 1954 hasta que se cruzó con Alemania Federal en la final. Hasta ese partido Hungría había marcado 25 goles en cuatro partido. 8 de esos goles los había conseguido justamente contra Alemania Federal en fase de grupos, donde había ganado por 8-3. Sin embargo, habría revancha.

En el inicio del partido no hay muchas sorpresas. Antes de los diez minutos Hungría ya estaba en ventaja por 2-0 con goles de Bozsik y Czibor. Pero todo cambia cuando la torpe Alemania llega repentinamente al descuento en su primer ataque con un gol de Morlock (que apellido) . Todo se complica aún más para Hungría cuando Helmut Rham marque el empate a los 18’. A partir de ahí todo cambia y el partido está abierto.

El encuentro para los húngaros se vuelve pesado y todo su juego se complica. En cambio Alemania había estrenado en ese mundial unos botines con tacos intercambiables proveídos por Adidas que marcan la diferencia. Además, durante el entretiempo los jugadores se habían inyectado pervitina, el mismo estimulante que los nazis proveían a sus soldados en la Segunda Guerra Mundial. Un hecho repudiable que solo podía suceder en aquella época. Todo esto marcaría la diferencia en la etapa complementaria, precisamente a nueve minutos del final cuando nuevamente Helmut Rham convierte para Alemania. Lo que quedo del partido fue un angustiante pataleo del «equipo de oro» que no pudo llegar al empate. Alemania conseguía la primera de sus cuatros copas del mundo.

La victoria alemana causo tal conmoción en Alemania que el propio canciller Adenauer se preocupo por sus efectos nacionalistas e hizo un llamamiento para que la euforia no desemboque en viejos fantasmas. Nueve años después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania estaba de vuelta.

Bonus track: Un partido y una guerra

Fuerzas militares salvadoreñas que se dirigían hacía Honduras.

Honduras y El Salvador se enfrentaron en 1969 para ir al mundial de México 70’. Sin embargo, entre estos dos países había mucha más que diferencias futbolísticas. Muchos salvadoreños cruzaban la frontera e iban hasta Honduras en busca de trabajo. La situación era tan mala que muchos salvadoreños toleraban los sueldos y los abusos de los terratenientes Hondureños. Además, debían soportar el maltrato de la población hondureña, que los acusaba de robarle fuentes de trabajo. Así estaban las cosas cuando el microclima fue llevado al campo de fútbol.

El primer partido que se hizo en Honduras, gano la selección local por 1-0. En la revancha fue goleada para El Salvador por 3-0. Todo quedo para un tercer partido definitorio que se disputo en México. Allí volvió a ganar El Salvador por un agónico 3-2 y lo que vino después es inexplicable. Los festejos salvadoreños en Honduras fueron tomados como una provocación por la población local que salió a enfrentarse a ellos en una gran masa violenta. Como la policía hondureña hizo vista gorda de la situación, las Fuerzas Armadas salvadoreñas entraron en acción y atiendan esto.. ¡bombardearon el aeropuerto de Tegucigalpa!. Obviamente, lo único que provoco esto fue una gran matanza en tierras hondureñas.

Una pequeña guerra que iba a durar 100 horas había comenzado y no quedó más remedio que la intervención de los Organización de los Estados Americanos. Al final del conflicto, los números eran grotescos: 6000 personas muertas y más de 20 mil heridos. Todo por culpa de un partido de fútbol.

Si tenes alguna curiosidad mundialística, no dudes en compartirla con nosotros.