Reseña: Atlantique

Dákar, Senegal. Ada es una joven de 17 años enamorada de Souleimane, un joven obrero que trabaja en la construcción de una torre de lujo en la ciudad. Sin embargo, Ada está a punto de contraer matrimonio con otro hombre en contra de su voluntad. Una noche Souleimane decide emigrar a Europa a bordo de un bote y desaparece en el Atlántico. A partir de ese momento, misteriosas situaciones empiezan a ocurrir en la vida de Ada.

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«Atlantique» es el debut cinematográfico de la directora francesa de origen senegalés Mati Diop. La primera mujer negra en ser galardonada con el Grand Prix del Jurado en el Festival de Cannes del año 2019. La película de Diop es una radiografía social y de género que se coloca entre las propuestas más singulares de este año. Desde un primer momento vemos en «Atlantique» un tono hiperrealista cercano cercano a la crítica social que nos presenta como escenario la construcción de un edifico de lujo sobre el áspero y blanquecino suelo de Dákar. Los obreros de la construcción reclaman el pago de tres meses sueldo al administrador de la obra, que solo les responde que el inversionista del edificio se ha ido de viaje por unas semanas y tendrán que esperar. Ese es el primer punto de partida de la película, que se refleja en la mirada llena de angustia del joven Souleimane que regresa a su hogar con una decisión tomada.

Su relación con la joven Ada se desarrolla a escondidas y en medio de una inocencia que tiene al mar Atlántico como testigo. Ambos son rehenes de su propias circunstancias y pactan un encuentro en un bar de la ciudad al que suelen frecuentar. Sin embargo, cuando Ada llega a la cita, las otras chicas del local comentan que, tanto Souleimane y sus amigos, han zarpado en un bote rumbo a Europa sin avisar a nadie. Diez días después Ada se casa en un matrimonio por conveniencia con el hijo de una rica familia senegalesa. Sin embargo, un evento inusual durante la noche de bodas determinará el resto de la historia.

Mame Baneta Sade interpreta a Ada, una joven senegalesa de 17 años.

En «Atlantique» lo que parecía que se iba a desarrollar enteramente como una película con crítica social y de género dentro de la cultura africana, se transforma en una historia con una atmósfera cargada de realismo mágico que parece sacada de un relato de García Marquéz. Desde el momento en que Ada se casa y ocurre un extraño incendio que parece haber sido provocado, todo cambia en la película. A partir de ahí el guión de Diop se convierte en una bellísima y evocadora narración con elementos sobrenaturales que tiene al mar y a la noche como una proyección emocional de sus habitantes. Un espacio que representa tanto la libertad y la muerte de sus protagonistas.

Llegado a este punto el espectador podría verse defraudado con la sucesión de varias situaciones atípicas, extrañas y absurdas que tiene como denominador común la injusticia a la que eran sometidos Souleimane y sus amigos en su lugar de trabajo. El guión de Diop parece descarrilarse sin sentido alguno tratando de abarcar varios géneros y tópicos dentro de una misma historia, convirtiéndose inclusive en un policíaco con la inclusión a mitad de película del oficial Diop, que tratará de encontrar una respuesta a los extraños sucesos que se narran.

Pero el singular atractivo de «Atlantique» radica mucho más en su forma que en su contenido. El magistral trabajo de la directora de fotografía Claire Mathon y la banda sonora con música tradicional senegalesa a cargo de Fatima Al Qadiri, transforma a la película en una experiencia sensorial y paranormal que roza por momentos un estado repleto de alucinación poética. En «Atlantique» hay mucha más fantasía que horror y mucha más sutileza que morbo, un tono que muy pocas películas con historias sobrenaturales consiguen.

Un logro fenomenal que se logra gracias a la excelente interpretación de todo el elenco, especialmente la de Mame Baneta Sade, que interpreta a Ada, y a una narración que lentamente va uniendo todas las piezas de la historia. Diop explora a través del relato de un amor imposible la situación económica y religiosa de Senegal, un país con profundas raíces musulmanas. Además, consigue darle un nuevo enfoque al fenómeno migratorio africano, que en ningún momento es recreado en la película, pero que sin embargo determina la historia de todos sus personajes.

Atlantique posee una apabullante narrativa visual a cargo de la DF Claire Mathon.

«Atlantique» es una fábula que se basa prácticamente en el relato de Romeo y Julieta para confirmar la eterna influencia del universo shakesperiano en la representación de las dinámicas humanas. Relaciones que en el mundo moderno están determinadas por contextos económicos y culturales que, en el caso de Ada y Souleimane, provocan que se frustren sus aspiraciones emocionales. Una situación que Diop revierte llevando la historia a un plano de transgresión espiritual donde todo es posible y en donde es muy díficil distinguir la fina línea que separa lo real de lo onírico.

«Atlantique» es una película que matará de aburrimiento a aquél que busque todo lo contrario a lo que se ha escrito más arriba. Una propuesta atípica que en su imperfección esconde varias secuencias de pura belleza cinematográfica. Una singular historia de amor y justicia social que provocará interés en los próximos proyectos de la directora francesa y cuyas secuencias de la inmensidad del  Atlántico, quedarán como varias de las imágenes más hermosas de este año. Lo mejor de todo, está en Netflix.