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Uncut Gems: el arte de tomar malas decisiones

Howard Ratner (Adam Sandler) es dueño de una importante joyería en la ciudad de Nueva York que solo vende de forma exclusiva a ricos y famosos. Presionado por varias deudas que no puede afrontar, adquiere un ópalo de extraña belleza con el que piensa solucionar sus problemas. Sin embargo, cuando ese objeto cae en sus manos, una serie de hechos pondrá al límite su vida.

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El cine de los hermanos Safdie (Josh y Benny) tiene cierta fascinación por las situaciones límites, por los personajes miserables que deambulan por las grandes urbes y que además, tienen la extraña habilidad de empeorar cada vez más su situación. Sobre estos puntos giran sus otras dos películas más conocidas: Good Time y Heaven Knows What. La primera con un Robert Pattison a contrarreloj intentado sacar a su hermano de la cárcel luego de un robo fallido, mientras que la segunda es una crónica dura y visceral sobre la condición de una heroinómana cuya situación va en picada en medio de una relación tóxica. Ambas se desarrollan en la ciudad de Nueva York, una urbe inabarcable con edificios de lujos, magnates anónimos y turistas embobados. Imagen que esconde el pasado retorcido y violento de una ciudad cuya verdadera esencia se encuentra en esas calles repletas de perdedores que las películas de los hermanos Safdie intentan volver a poner al tapete.

Uncut Gems se sitúa en este mismo universo. La historia sigue a Howard Ratner, un judío cuarentón que tiene una joyería en el distrito de los diamantes, zona conocida por sus exclusivas joyerías, muchas de ellas bajo el control de la comunidad judía en Nueva York. Sin embargo, el local de Howard se encuentra escondido en el piso de un edificio incierto de la ciudad. A la joyería se llega pasando unas barreras de seguridad y no parece ser un lugar exclusivo, sino más bien un local donde se desarrollan intercambios comerciales que están más cerca de la ilegalidad y el mercado negro

Uncut Gems, 2019. A24 Films.

En ese lugar casi claustrofóbico, el mundo de Howard se desarrolla a un ritmo frenético. Adicto a las apuestas deportivas, el joyero se encuentra preso de esa condición y de sus deudas. Tanto en su casa como en su trabajo, Howard realiza sus labores cotidianas como un autómata. No escucha a su esposa, a sus hijos ni los reclamos de sus empleados o de gente que sencillamente no aporte nada a esa adicción en la que se desarrolla su mundo. Para el hombre, lo único que importa es un partido de básquet y cuanto dinero apostó en ella. Una obsesión que lo carcome y que se profundiza cuando adquiere un extraño ópalo de invaluable valor con el que pretende solucionar todos sus problemas.

La introducción de este elemento, que funciona como un hilo narrativo, agrega una nueva capa en el cine de los hermanos Safdie. Si en sus anteriores trabajos los dramas de sus personajes se originaban sobre problemas sociales tangibles como la pobreza o la adicción, en Uncut Gems esta idea se expande con lo místico y supersticioso representado en esa roca extraña con el que casi todos los personajes se obsesionarán, especialmente Howard. Una idea que tiene cierta analogía con él El Exorcista de William Friedkin, por lo menos en ese arranque calcado al punto del plagio.

El ópalo es un elemento que canaliza todos los temas que aborda la película: la obsesión por el dinero, el poder y la autodestrucción emocional. El valor de ese objeto fluctúa entre lo económico y lo místico. Si para Howard es una manera de pagar sus deudas, para el basquetbolista Kevin Garnett es un amuleto que le ayuda a sobresalir en sus partidos. Una dinámica que une a ambos personajes a través de lo irracional y que también subraya el costo social que esconde la producción de estos objetos, un punto que se cuestiona vagamente en algún momento de la película.

Uncut Gems, 2019. A24 Films

La cámara de los hermanos Safdie acompaña a Howard Ratner en cada una de sus malas decisiones. La ansiedad del personaje, su desesperación, la impulsividad y su arrogancia, no solo están concentradas en la genial interpretación de Adam Sandler, sino también en los movimientos de cámara y el frenético montaje que desarrolla la historia. Un ritmo que no decae en ningún momento y que funciona como la propia proyección mental del personaje. Howard Ratner no se detiene en ningún momento, y cuando lo hace, aún parece distante de toda realidad, consumido por esa monomanía que de a poco lo lleva a la locura.

Como ya lo hicieron en Good Times, los hermanos Safdies vuelven a colocar a una serie de personajes secundarios que giran alrededor de la historia y que en esta oportunidad, sufren los arrebatos irresponsables de Howard Ratner. En cada una de esos personajes se puede apreciar a una sociedad fragmentada, rota y al límite en donde el único Dios es el poder adquisitivo y el status social. Permutas, transacciones, chantajes y aprietes que van encerrando a la historia en un universo del que no se puede escapar sin poner en riesgo todo lo que se tiene y que intenta dejar implícito que a pesar de cierta modernidad, los códigos comerciales y sociales son los mismos de hace miles de años.

Uncut Gems, 2019. A24 Films.

Es la figura de Adam Sandler la que contiene y representa todo ese pulso volátil que provoca sobrevivir en las grandes metrópolis. Mucho más anfetamínico que en Punch Drunk Love, Sandler interpreta un papel cuyo ninguneo en los Oscárs está más cerca del piropo que de una injusticia. Como si fuera que los largos años de bullying que sufrió por sus comedias románticas hayan sido canalizadas en el personaje arrollador, despreciable y nihilista que construyo para Howard Ratner. Personaje que encuentra su contrapeso ideal en esa sorpresa llena de talento y belleza llamada Julia Fox. Un personaje fundamental que funciona como el único cable a tierra para Ratner durante todo el relato.

Uncut Gems parece una versión actualizada o quizás moderna de El Jugador de Dostoyevski pero con luces de neón, fiestas con raperos, matones a sueldo y una ciudad inabarcable al que no le importa quién gane o quien pierda. Una película que, bajo su furia y su impulso arrollador, esconde una atmósfera melancólica y triste que encuentra en la fabulosa banda sonora de Daniel Lopatin el mejor modo de expresarlo. Crítica impecable a los bajos fondos del capitalismo, Uncut Gems deja en claro que nada bueno puede salir cuando la obsesión y la irracionalidad se ponen de acuerdo en los peores momentos. Una condición inherente a la humanidad y a los tiempos.

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