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Im thinking of endings things: el mal viaje de Kaufman

¿Alguna vez soñaron que fueron desnudos a la escuela?, esos sueños son los peores. Porque aparte de la angustiosa sensación de estar expuestos y sentir vergüenza, uno piensa que aún tiene algo pendiente en esos lugares. Algún conflicto no resuelto que le obliga volver a ese espacio temporal donde solo quedan caras desconocidas y una incomprensión total de lo que sucede. Uno despierta de golpe, desconcertado y siente como el tiempo le ha pasado por arriba. Todo sucede en un instante, pero sus efectos duran lo necesario para que nos quedemos analizando sinsentidos en ese pesado limbo donde la realidad se confunde con el absurdo de los sueños.

Este ejemplo tonto -y muy personal- es el único modo que encontré para empezar hablar de Im thinking of endings things, la tercera película dirigida por Charlie Kaufman y quizás la propuesta más extraña producida por Netflix hasta la fecha. Una historia que en cierto modo trata de representar el mundo surreal que se genera en el orden delirante de los sueños o que por lo menos, termina dejando esas sensaciones luego de su visionado. Kaufman vuelve a elegir este camino para explorar sobre los temas que siempre le han inquietado en su pequeña pero genial filmografía: la soledad, la vejez y los efectos emocionales de una vida frustrada.

La historia comienza con una joven mujer llamada Lucy (Jessie Bucley), que acepta la invitación de su novio Jake (Jesse Plemons) de ir a conocer a sus padres, quienes viven en una granja en las afuera de la ciudad. La relación lleva apenas unas seis o siete semanas. Ambos van conociendo de a poco, pero para Lucy parece que ha pasado una eternidad. Ella le tiene mucho cariño a Jake, es más, nunca había sentido lo mismo por ninguna otra persona. Sin embargo, mientras viajan bajo una tímida nevada, ella está segura de que debe dar por terminado algo. Lucy no deja claro a que se refiere, pero lo más evidente es que se trate sobre su nueva relación.

Jessie Buckley y Jesse Plemmons en Im Thinking Of Endings Things. Netflix, 2020

Lucy es la narradora de la historia y a través de su monólogo interno la conocemos a ella y su relación con Jake. Un tipo introvertido, frío, que se pregunta en que piensa su novia y que por momentos transmite cierta tensión en el ambiente. Ambos conversan durante todo el viaje en un estilo que se parece mucho al de Richard Linklater en Before Sunrise. Sin embargo, la luminosa vitalidad de los personajes de Linklater aquí es cambiada por una dinámica fría, tediosa y carente de todo atractivo en una pareja con más dudas que certezas.

El viaje se hace largo, la nieve empieza a caer más fuerte y mientras Lucy recita un largo poema sobre la melancolía de volver a casa, hay pequeñas cosas que cambian, como el color de su ropa. Un detalle que confunde pero que todavía no delata el camino que tomará la historia más adelante. Además, el viaje de pareja se intercala con una extraña subtrama en donde vemos la rutina de un solitario cuidador de un colegio cuyas secuencias guardan mucha relación con las cosas que Jake y Lucy van comentando.

Tanto el viaje de ida como la cena con los padres de Jake discurre sobre un estilo muy cercano al terror psicológico con toques de humor de negro que se parece bastante al Get Out de Jordan Peele. Todo está puesto para la película siga en esa dirección. Una casa en medio de la nada, animales muertos, padres histriónicos y un sótano prohibido. Sin embargo, Kaufman lleva a sus personajes por lugares más extraños.

Im Thinking Of Endings Things. Netflix, 2020

El tono onírico de Im thinking of endings things se hace evidente cuando la pareja llega a la casa de Jake. Kaufman prescinde de todo lo que este de más y la puesta en escena se vuelve teatral, mínima y claustrofóbica. Los padres de Jake, interpretados magistralmente por Toni Collete y David Thewlis, evocan un aire siniestro y caricaturesco llenos de un aire pasivo-agresivo que incomóda a la pareja. Pero mientras la noche avanza, todo empieza a cambiar. Lucy cambia de nombre, de profesión y es testigo de repentinos cambios temporales al recorrer la casa de Jake en donde ve a los padres de su novio más jóvenes o a punto de morir.

La pareja decide volver a la ciudad bajo una fuerte nevada, pero ya nada es igual. A partir de ese momento la película  irá derrapando por caminos tan irritantes como inciertos. Las conversaciones serán más profundas, el ambiente más asfixiante y la fina línea entre lo onírico y lo real va ir difuminandose en secuencias que se volverán cada vez más extrañas hasta el final.

Una de las cosas interesantes que tiene Im thinking of endings things son las varias referencias culturales que se insertan en las obra. Canciones, películas, poemas, autores, citas textuales de algún libro. Todo forma parte de la dinámica intelectual entre Lucy y Jake. Desde Guy de Bord al jingle de una heladería, desde la apreciación sobre la obra de Cassavettes, a la violenta apología de una canción de amor. El director se apropia de esas referencias para describir como las mismas van construyendo nuestra noción del amor romántico y las relaciones que vamos idealizando.

Sin embargo, ese collage intelectual también puede ser un problema. A pesar de que Kaufman dialoga con otras artes e ideas, parece más preocupado en indagar sobre la construcción discursiva del amor  que en las propias emociones de los personajes. Una capa densa que cubre todo el film y que lo diferencia de sus otros trabajos en donde lo absurdo y surreal siempre daba paso a un momento de cálida y melancólica humanidad en donde era fácil empatizar.

Im Thinking Of Endings Things. Netflix, 2020

Como ya lo hizo hace más de veinte años en Being John Malkovich, Kaufman vuelve a meternos en la mente de alguien. Los temas que aborda el director son los mismos de siempre. La construcción de sus personajes también. Hombres de mediana edad, introvertidos, inseguros e incapaces de reaccionar a sus circunstancias que idealizan un tipo de relación que va más allá de su compresión. Una fórmula que funcionó con bastante éxito en Eternal Sunshine of the Spotless Mind bajo la dirección de Michel Gondry, pero que aquí se vuelve pesimista, cansina y extremadamente frustrante.

A partir del tedio y el vacío emocional, Im thinking of endings things construye un relato que se hace tan largo y claustrofóbico como el viaje que hacen sus dos personajes principales. Un recorrido donde somos testigos del paso del tiempo y la degradación de la consciencia. Hurgar en el pasado sobre los sueños frustrados es un ejercicio individual muy doloroso, por eso quizás Kaufman traté de alivianar el momento con esa sátira a A Beautiful Mind sobre el final. Sin embargo, ya es tarde. El golpe es certero y desconcertante. Lo único que queda es sacudirse, suspirar y despertar de ese extraño viaje.

Calificación: ★★★

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