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Buen viaje, George

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En una de las primeras reuniones que George Martin mantuvo con los Beatles, el productor preguntó al cuarteto si había algo que no les gustaba con respecto al contrato que habían firmado y la manera en que trabajarían en el estudio. Los de Liverpool no sabían que responder, estaban abrumados, felices y por primera vez no deseaban meter la pata. El silencio fue largo y pesado. Hasta que George Harrison, tratando de salvar la situación, le dijo a su nuevo jefe musical, no me gusta tu corbata. Aquél comentario podía haber costado caro al cuarteto, sin embargo el productor comprendió la broma y no le quedó otra más que echarse a reír. Una sociedad había comenzado

Martin siempre recordaba esta anécdota en muchas entrevistas. Es que a comienzo de los 60s, su situación y la de los Beatles era casi idéntica. La carrera del productor estaba estancada y la banda de liverpool era rechazada en todas partes. La frustración era el factor común. Brian Epstein, productor del grupo, apareció un día en un estudio de grabación que se encargaba de editar música clásica y sátiras musicales. Para cualquier mánager de un banda pop era lo más bajo que se podía llegar. Es más, el lugar estaba a punto de cerrar. El director de aquel estudio era todo un gentleman londinense, que escuchaba atentamente al empresario de liverpool promocionar a su banda. Después de una buena reflexión y consciente de que no tenía nada que perder a esas alturas,  George Martin decidió darles una oportunidad.

Es increíble como a partir de una situación aislada, la música contemporánea cambiaría para siempre. George Martin se encargó de darles a los Beatles su primer contrato de grabación, les produjo sus primeros singles, les indicó que el baterista que tenían en ese momento – Pete Best- no encajaba en la banda, inclusive rechazó a Ringo Starr cuando este entró a escena por primera vez y les pidió que descarguen todo su repertorio en un día para que editen su primer Lp. Todo esto en menos de un año. En el estudio de la calle Abbey Road se producía algo extraño, un virus que estaba a punto de provocar una transformación en todo el planeta bajo el nombre de Beatlemanía. La mejor pandemia musical de la historia.

Los Beatles y George Martin durante las sesiones de Please Please Me. 1963

Los primeros años

El talento de George Martin, que ayudaría a definir el sonido de los Beatles, no fue un mero accidente casual. La música y el buen gusto estaban adheridos a los genes de Martin. Desde aquel primer momento en que sus padres llevaron un piano a su casa cuando él tenía 6 años de edad. Su curiosidad por el instrumento, provocaría que George le exigiera a sus padres unas clases de piano, el niño solo tenía 8 años y terminaría abruptamente esa experiencia por diferencias entre su madre y un testarudo profesor. Sin embargo, el pequeño George continuaría aprendiendo didácticamente esa hermosa afición.

No obstante, la revelación musical de Martin llegaría en la adolescencia. La Orquesta Sinfónica de la BBC se apareció un día en la escuela de George para ofrecer un concierto público y el jovencito quedó fascinado. ¿Cómo era posible que un grupo de noventa personas coordinen una gran cantidad de instrumentos para ofrecer algo tan maravilloso?, pensaba el chico. Desde ese momento Martin jugaba en su mente la fantasía de convertirse en el próximo Rachmaninoff, ese pianista ruso que sonaba en los salones burgueses de los záres. Sin embargo, el sueño iba ser encajonado por un tiempo, Europa entraba en guerra.

Cuando la segunda guerra mundial llegó, George Martin estaba metido en varias ocupaciones. Primero trabajo en una empresa de construcción como una especie de auxiliar administrativo, luego pasó un tiempo en la Oficina de Guerra, llenando formularios y preparando té a sus jefes. Cuando cumplió 17 años se enroló en la Armada Real Británica como observador aéreo, sin embargo la guerra concluyó sin que el joven entrará en combate. Durante esos años George no perdió la idea de hacer música, es más, la decisión se había afirmado cuando el conflicto terminó.

Aprovechando que era veterano de guerra y contaba con algunos privilegios, el joven George ingresó a la Guildhall School of Music and Drama, un lugar en el que se internó durante tres años aprendiendo a tocar el piano y el oboe. Durante esos días, tratando de superarse a sí mismo, bebía de la música de Rachmaninoff, Ravel y Cole Porter. Rápidamente ingresó al departamento de música clásica de la BBC donde no duró mucho tiempo. En el año 1950 los estudios EMI solicitaron sus servicios, George fue hasta allí y se quedó casi 20 años aprendiendo todo sobre los métodos de grabación, hasta que un día aparecieron cuatro caras sucias de liverpool. Martin ni se imaginaba que aquellos muchachos iban a desafiar toda su capacidad creativa.

La transformación

Hoy en día a los estudios Abbey Road se le considera como una de las mecas de la música mundial. El lugar en donde todo nació. Sin embargo, en la época en los Beatles fueron a grabar por primera vez el lugar les parecía aburrido, gris y monótono. Todos los empleados de la EMI llevaban la misma vestimenta (pantalones, camisas y corbatas) y los técnicos iban vestidos con batas blancas. Aquello parecía más una empresa farmacéutica que un estudio de grabación. George Martin era el estereotipo de todo ese ambiente con su pelo engominado, su inglés correcto y sus modales de caballero.

¿Qué carajos podían hacer un grupo pendejos en un lugar como ese?. Bajo la batuta de Brian Epstein, los Beatles habían dejado sus prendas de cuero, los malos modales en el escenario y se habían calzado unos trajecitos apretados y bien almidonados. A todo eso se sumaba el código protocolar de EMI y el rostro serio de un productor que les pedía a través de un altavoz que repitieran una y otra vez la canción que estaban ensayando. Una locura. Sin embargo, los Beatles tenían la chispa que la época necesitaba y George Martin sabía como explotarla. Para febrero de 1963 la banda de Liverpool conseguía su primer número con Please Please Me, una canción a la que el productor le había puesto la fichita del éxito.

Los Beatles se mofaban de George. En la sala 2 de Abbey Road bromeaban entre ellos sobre la formalidad de su productor, sus hábitos y su estricta forma de trabajar. Aún así, cuando George Martin les recomendaba algún cambio o les aconsejaba una nueva innovación, ellos no mezquinaban sus caprichos, es más, algunas veces dejaban que Martin toqué con ellos. Particularmente eran acompañamientos con pianos. Una de las más conocidas es el solo barroco que se encuentra en la parte media de In My Life. Pero por sobre todas las cosas, George Martin tenía el talento de conseguir el sonido que los Beatles querían.

En las primeras épocas no hubo muchas innovaciones. Todas eran canciones pop, directas y sin muchos arreglos, quizás lo más importante fue potenciar la capacidad vocal que tenían los cuatros, especialmente la dupla Lennon-McCartney. Sin embargo, a mediados los 60s el producto Beatle se volvió más sofisticado y la mano de George fue de gran ayuda. ¿Qué hubiera sido de John Lennon sin George Martin cuando el beatle pedía que su voz suene como el Dalaí Lama desde la cumbre del Himalaya?

Aquellos veinte años en que Martin se econtró limitado a grabaciones de música clásica y sátiras musicales con Peter Sellers,  le servirían como una referencia adecuada para potenciar la creatividad de sus muchachos. Luego de que los Beatles abandonaran la idea de dar más conciertos, el único medio que tenían para seguir expresando sus genialidades era el estudio de grabación. En ese sentido el estudio 2 de Abbey Road se transformó en una trinchera de experimentación, curiosidad y por sobre todo de mucha innovación.

Para esa época los Beatles habían acabado con el protocolo de EMI. Literalmente podían hacer lo que quisieran. Ya no pagaban por las horas de estudio, llegaban cuando querían, usaban los equipos que deseaban, organizaban largas sesiones que a veces duraban toda la madrugada, podían fumar porros haciéndolos pasar por incienso y hasta tuvieron la osadía de armar una pequeña cantina con té y masitas cuando estaba prohibido comer dentro del estudio. Todo esto sucedía bajo la atenta mirada de George Martin, que ya se había convertido para ese entonces en el productor fetiche de la movida británica, imitado hasta el hartazgo por sus pares durante esos días.

Durante las grabaciones del Sgt Pepper. 1967.

Sargent Martin

Aquella efervescencia en el estudio, el aislamiento Beatle del mundo y las ganas de romper paradigmas, daría como resultado a uno de los álbumes más influyente de todos los tiempos. Si, todos conocemos aquella historia. El Sargent Pepper supuso un nuevo camino para la música contemporánea. La arriesgada propuesta Beatle no había sido posible sin talento de George Martin, que se abrió a todas las ideas que le llegaban a su consola de mezclas. El proceso de producción del álbum fue una especie de carrusel creativo en donde nada era rechazado, desde pequeños accidentes sonoros en el estudio de grabación hasta complejos arreglos orquestales comandados por Martin. El Sargento Pimienta se convirtió en un milagro musical nunca antes realizado, ¿por qué?.

El primer obstáculo con que chocaron George Martin y los Beatles fueron con los equipos de la EMI. A pesar de que la banda contaba con todos los privilegios en ese lugar, se topaban con el espíritu conservador del estudio que no permitía la modernización y la apertura a nuevos equipos. Para el Sgt Pepper, y todos los álbumes anteriores, los Beatles utilizaron una consola de solo cuatro canales cuando ya existían equipos más modernos. Este problema limitaba en gran medida lo que deseaban conseguir en sus obras. Sin embargo, encontraron una forma de solucionar ese problema con la creación de loops, pedazos de sonidos o grabaciones que eran añadidas a las pistas principales de cada canción. Los primeros ejemplos de esa técnica se pueden apreciar en canciones como Rain, I’m Only Sleeping y principalmente en Tomorrow Never Knows.

Sin embargo, los loops eran un simple juego de niños en donde los beatles metían instrumentos grabados al revés, feedbacks o sonidos de animales. La gran idea para expandir la creatividad musical a otro nivel se les había ocurrido a George Martin y a su ingeniero de sonido Geoff Emerick, quienes fueron más inteligentes que las máquinas y las explotaron hasta el hartazgo. La innovación radicaba en grabar una canción con una grabadora de cuatro canales, se la mezclaba y luego esa misma canción era utilizada en una de las pistas de una segunda grabadora de cuatro canales. Con esta técnica casi primitiva y de entre casa, llamada reducción de mezclas, los Beatles pudieron expandir sus ideas a niveles nunca antes experimentados.

A todo esto se le sumaban otras innovaciones como la de grabar un instrumento directamente a la consola, grabar varias veces un mismo instrumento al mismo tiempo, doblar voces y pistas, cambiar sus tonos y velocidades, incluir orquestas, grabar con instrumentos hindúes, tomar loops de la vida cotidiana y un sinfín posibilidades inabarcables. El álbum constituyó una fina pieza de ingeniería. Muchas de las innovaciones aplicadas por Martin serían imitadas en todos los estudios alrededor del mundo y quedarían como método básicos de grabación. Los Beatles lograron abrir un camino nunca antes explorado e indicaron hacia donde debía ir la música pop a partir de ese momento.

Imagen: BBC/ Apple Corps Ltd

 

Sin embargo, el éxito de la banda chocó con el éxito del productor. Subirse al carro beatle, implicaba dejar muchas cosas. La agenda de George Martin se volvió más ajustada y las exigencias de los Fab se volvían más complejas. A partir del Álbum Blanco cada uno comenzaría a trabajar por su cuenta y a cualquier hora. La curiosidad Beatle comenzaba a devorar la imperturbable paciencia de George, quien había dicho que aquél material hubiera sido mejor si lo sacaban en un solo Lp. Todo llegaría a un momento de fricción total con Let it Be, el único disco no producido por Martin y que dejaría al descubierto las malas espinas dentro del cuarteto.

Sin embargo, todo volvería a la normalidad con la grabación de Abbey Road. La última colaboración del cuarteto con el productor y la última obra maestra que los Fab parían a un mundo al que dejaban huérfanos y desolados. Desde la anécdota de la corbata hasta el último track producido solo habían pasado siete años, ¡siete!. Un período fenomenal en donde absolutamente todo había cambiado.

Las Islas de George

¿Los Beatles hicieron a George o George hizo a los Beatles?. Esa pregunta quizás esta de más y ni siquiera corresponda hacerla. Sin embargo, ni los de Liverpool ni Martin repitieron el mismo éxito en las décadas posteriores. Ni siquiera volvieron a trabajar juntos de manera individual. Lo de los 60s fue una colaboracion mutua, única e irrepetible. En los 70s la banda con más éxito producida por Martin había sido America, ese grupo de soft rock conocida habitualmente por su A Horse With No Name, su estilo limpio y digerible.

Martin además coqueteó con el jazz rock produciendo discos para la Mahavishnu Orchestra y para Jeff Beck (por favor escuchar Wired y Blow by Blow). Pero lo más importante que hizo el viejo productor en sus últimos años fue viajar y conocer un montón de islas. Esa extraña fascinación era tan grande que hasta uno de sus estudios de grabación se encontraba en una de ellas, en la isla caribeña de Monserrat. Sin embargo, aquél estudio quedaría totalmente destruido luego de un terremoto a finales de los años 80s.

 Cuando a George Martin le preguntaba que quería hacer de grande, de seguro no respondía ser productor de los Beatles, sino, viajar a todas las islas del mundo. Una respuesta tan simple y enigmática. Esto es una simple suposición, nunca sabremos lo que soñaba en realidad el niño Martin, pero si estamos seguro de que ese chico tenía una imaginación incomparable. Desde jugar a ser el próximo Rachmaninoff a cambiar la forma en que escuchamos ese dulce vicio llamado música. Por eso, y por aquello que no podemos expresar en palabras, gracias George y buen viaje.