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Ese maldito gol de oro

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En las canchitas de barrio los partidos de fútbol no se juegan como en el mundial. Por ejemplo, una de las variantes tiene que ver con el tiempo que dura un partido. Mientras en el fútbol profesional se determina por minutos, en las canchitas puede reducirse a la cantidad de goles que marca un equipo. Por ejemplo, existen partidos que duran hasta el primero que marque diez goles. Si los equipos terminan empatados a nueve, se pasa a once. Una variación tenística, que de niños nunca entendimos su porqué, más que la de jugar un poco más. Que más daba, ¿verdad?. Pero si la diferencia de dos goles se hacía invariable y el partido entraba en un loop infinito de nunca acabar, alguien gritaba cansado y frustrado: ¡el que mete gana!. Solución salomónica si las hay. Cuando aquella ley se hacía efectiva, todos volvían a casa sin rencores, con la certeza de que habían dejado lo mejor y que, al día siguiente, habría revancha.

El 28 de Junio de 1998, en la ciudad francesa de Lens, ese concepto barrial sería visto por primera y única vez en la copa del mundo. Una decisión deportiva que por medio de los hombres de traje iba a tener otro nombre, más acorde a su importancia, más valorizado, y que determinaba que más allá de aquél gol, no había nada más que el justo reparto de la victoria y la derrota. Una ley preciada que como analogía iba a tener su nombre relacionado con el metal más preciado por el hombre. Lo llamaron «gol de oro».

Ese fue el gol que eliminó a Paraguay en el mundial de Francia 1998 ante la selección local. Un caso inédito que nos dejó en el lado de la derrota.

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En junio de 1998 pasaban muchas cosas en Paraguay. La transición democrática se ponía a prueba con un nuevo traspaso presidencial en donde el presidente electo, Raúl Cubas, se negaba a recibir la banda presidencial del saliente Juan Carlos Wasmosy. Un hecho que reflejaba la crisis interna del partido político más importante del país, la ANR. Una huelga de médicos reclamaba una recategorización salarial para el sector y paralizaba los servicios sanitarios del país durante varias semanas. En lo económico, la inflación era del 10% y otras cinco financieras eran intervenidas en medio de una crisis económica que había comenzado tres años atrás y golpeaba a los sectores más vulnerables de la clase media paraguaya. El país ebullía en una caldera social y no iba a tardar mucho en explotar. Sin embargo, cuando el Pepe Cardozo marcó de un derechazo el tercer gol frente a Nigeria en Toulouse a miles de kilómetros de Asunción, todo quedo olvidado por un instante.

Paraguay estaba en octavos de final por segunda vez en una copa del mundo y eso era lo único que importaba.

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Aunque el mundial recién comenzaba, llegar hasta ahí no había sido fácil. Luego de una clasificación histórica en las eliminatorias sudamericanas con aquél inolvidable gol del Tanque Torres contra Venzuela, la albirroja se preparó entre los meses de febrero y junio del 98 con una serie de amistosos en donde disputó 10 partidos de los cuales perdió 5, empató 4 y ganó solo 1. En todos esos partidos recibió 18 goles y marcó solo 9. A pesar de contar con un grupo que se había consolidado y estaba en su mejor momento, esos resultados no eran muy positivos de cara al mundial. Más aún teniendo en cuenta a los rivales a los que tenía que enfrentarse en el grupo D.

Allí estaban España, Nigeria y Bulgaria. La selección española era favorita del grupo con una camada de jugadores históricos como Raúl González, Fernando Morientes, Fernando Hierro y Luis Enrique. En cambio Nigeria era la mejor selección africana del momento. Venían de ser campeones en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, en donde derrotaron a Argentina en la final. El equipo nigeriano contaba con jugadores que, por aquellos días, estaban en la boca de todos como Nwankwo Kanu, Jay Jay Okocha, Taribo West o Celestine Babayaro. Aquél equipo dirigido por el serbio Bora Milutinovic, fue el mejor equipo nigeriano de todos los tiempos. Solo con España y Nigeria, Paraguay ya la tenía difícil. Pero también estaba Bulgaria.Un equipo que en el último mundial disputado en Estados Unidos, terminó entre los cuatros mejores. Esta vez Bulgaria clasificó primero al mundial en su fase de grupos y en la delantera tenía a uno de los jugadores más notables de los noventa: Hristov Stoichkov. Paraguay, estaba en el grupo de la muerte.

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El debut paraguayo fue en el sur de Francia, en la ciudad de Montpellier. Allí se enfrentó a Bulgaria en un partido trabado en donde ninguno de los equipos pudo sacarse ventajas. Chilavert fue figura en un partido donde Stoichkov fue la primera víctima de la defensa albirroja. El partido termino 0-0. El segundo partido fue contra España, que venía de perder 3-2 en su debut frente a Nigeria. Una épica salvada de Celso Ayala sobre la raya confirmaba la imbatibilidad del arco paraguayo. Paraguay sacaba un empate a cero y los españoles se quedaban al borde de una inesperada eliminación.

Paraguay tenía dos puntos, sin embargo había un problema: el equipo no marcaba goles. La delantera, que tenía como mayor referente al Pepe Cardozo, no era tan eficaz como la zona defensiva y eso era un problema. En el tercer partido frente a Nigeria el primer gol lo convirtió Celso Ayala de cabeza y fue durante la complementaria cuando la sequía de la delantera terminó con un histórico zapatazo de Miguel Ángel Benitez y un derechazo del Pepe Cardozo. Con ese 3-1 Paraguay estaba en octavos y dejaba fuera a España. Pero no había tiempo para festejos, en cuatro días más se enfrentaba a la selección local: Francia.

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Sesenta años después, el mundial llegaba nuevamente a Francia, que había sido sede de la copa  en 1938. En aquél año, los franceses no pudieron hacer valer su localía. Quedaron eliminados en cuartos de final ante una Italia que ese vez utilizó una indumentaria totalmente negra haciendo honor al fascismo. Esa fue la primera vez que un equipo anfitrión no lograba salir campeón del mundo. Francia iba a tener su revancha seis décadas después y en unos años de mucha controversia.

La selección del hombre que inventó la copa del mundo –Jules Rimet– nunca había sido campeona. Además, en los noventa estaba pasando una de sus peores épocas. Francia no logró clasificar al mundial de Italia 90′ ni a Estados Unidos 94′. Desesperados, buscaron ayuda en Aime Jacquet, un viejo director técnico que por esos días andaba retirado y que volvía con la difícil misión de sacar a flote a los galos. De su mano, volvieron a llegar a una semifinal de Eurocopa de 1996. Y para el año del mundial de su mundial había formado un equipo que amalgaba a jóvenes promesas como Thierry Henry y David Trezeguet con viejos experimentados como el caso del capitán Didier Deschamps. Esto, sin contar que tenían al mejor jugador del momento: Zinedine Zidane. Zizou tenía 26 años y lo había ganado todo con la Juventus de Italia en la temporada 96-97, solo faltaba una copa del mundo para consagrarlo como uno de los mejores –sino el mejor- jugadores de la década. Un trofeo que no iba tardar en llegar

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Pero lo más importante de Francia era la diversidad de su plantel. Aquella fue una las primeras selecciones multirraciales en el fútbol. Una circunstancia que en Francia era inevitable debido a la diversidad étnica de su población. En aquél equipo dirigido por Aime Jacquet solo ocho jugadores podrían ser considerados «franceses puros». El resto, tenía ascendencia caribeña, africana,  sudamericana y hasta oceánica como el caso de Christian Karembeu. Sectores conservadores de la sociedad francesa representado por el líder de la extrema derecha Jean-Marie Le Pen estaban en contra de esta situación y pidieron boicotear a su selección nacional. El viejo y racista Le Pen afirmaba que «Es artificial que se haga venir a extranjeros y luego se les bautice como equipo de Francia». Esas críticas más que desanimar al plantel, lo moldearon en un equipo contundente que terminó ganando los tres partidos de su grupo en donde marcaron 9 goles y solo recibieron 1.  Con esos números brutales  llegaba Francia para el partido contra Paraguay.

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La Batalla de Lens

No era la primera vez que Francia y Paraguay se enfrentaban en un mundial. Cuarenta años atrás se habían encontrado en la primera fase de el mundial de Suecia 58’. Aquél partido iba a ser uno de los más abultados del mundial con una victoria francesa de 7-3 sobre la selección paraguaya. La figura de ese encuentro fue el goleador francés Just Fontaine, que marcó tres de los siete goles y sería el goleador del torneo con trece. Sin embargo, para esta revancha las cosas estaban parejas. Para Francia, el rival en octavos era inesperado y además no iban a contar con Zidane que cumplía una suspensión de dos partidos tras haber sido expulsado en un partido de la fase de grupos frente a Arabia Saudita. Sin Zizou, el que lo reemplazaba como el motor del equipo era Youri Djorkaeff, que al ser consultado por el partido contra Paraguay vaticinó que el encuentro contra los albirrojos «no sera nada fácil».

El domingo 28 de Junio de 1998 la temperatura en Lens era de 16 grados. Un clima ideal para jugar al fútbol. La ciudad se encontraba al norte de Francia y era conocida por haber sido un campo de batalla que determinó la «Guerra de los Treinta Años» a favor de los franceses. Sin embargo, en el último siglo se había transformado en una pueblo que basaba su economía en sus minas de carbón. Una actividad que había cesado durante los noventas cuando fue elegida sorpresivamente para ser sede del mundial. En Lens, el mundial albergó seis partidos en total. Todos jugados en el estadio Félix Bollaert, que tenía la peculiaridad de contar con más butacas que la población total de Lens, que solo llegaba a un poco más de 36 mil habitantes.

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Pero la ansiedad no vibraba solo en el Paso de Calais. Asunción estaba paralizada. Muchos no fueron a misa ese día. El partido, que comenzaba a las 10:30 hs de la mañana, iba ser determinante en el posterior ánimo del domingo. En la intersección de las avenidas Madame Lynch y Defensores del Chaco se colocó una de las primeras pantallas gigantes para observar el partido con amigos. Incluso el Presidente de la República, Juan Carlos Wasmosy,  salió disparado en un vuelo charter para asistir el encuentro. El viaje que se realizó el Boeing 707 de la presidencia, tenía un costo por persona de 2500 dólares que incluía bocaditos y entradas al estadio, según el propio Wasmosy. Pero a esas horas lo que hacía el presidente era lo de menos. Lo único que preocupaba a todos en sus hogares, en los bares, en las calles, en las charlas casuales y en sus pensamientos,  era como Paraguay iba a encarar ese partido.

Paraguay tenía la mejor defensa del campeonato y cuando se animó a jugar metió tres goles a Nigeria. Para Paulo César Carpegiani, salir a jugar de igual a igual era lo apropiado. Una idea que ya hizo visible en el encuentro contra Francia cuando en menos de 10 minutos dos centros de Arce y Paredes eran los primeros avisos paraguayos. Sin embargo, el avance fránces era lógico y a los 15’ Diomedé remata cruzado y Chilavert envía al córner. En Lens, el partido había comenzado.

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En un encuentro trabado, cada jugador tenía su propio pelea. Un joven Carlos Humberto Paredes le hacía frente al veterano capitán de Francia, Deschamps. Julio Cesar Enciso cuidaba de cerca a Emmanuel Petite y en la defensa, Carlos Gamarra y Celso Ayala no daban respiro a Henry y Djorkaeff. Francia no podía generar chances de juego y lo único que le quedaba eran remates al arco en donde se encontraban con Chilavert agrandado. Paraguay, empezaba a levantar su muralla. Sin embargo, al minuto 38’ un mal despeje de Sarabia fue aprovechado por Henry que encaro al arco y remató cruzado. La pelota dio en el palo derecho de Chilavert milagrosamente. El primer tiempo acababa 0-0

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Paraguay tenía varias formas de hacerle daño a Francia. Desde alguna pelota parada de Francisco Arce hasta los arranque veloces de Jorge Campos o el Peque Benítez en el contragolpe. En el segundo tiempo Paraguay tuvo la primera ocasión de gol con una escapada de Benítez por la derecha que no logra rematar al arco ni conectar con el Pepe Cardozo. A los 9’ responde Francia con un cabezazo de Desailly que gana en el salto a Gamarra pero que no logra vencer a Chilavert. En un partido en donde Francia parecía ser el favorito, es Paraguay el que genera más chances de gol. Un cabezazo de Gamarra a los 10’ y un remate de Arce a los 14’ dejaba el resultado del partido en una tremenda incógnita. Francia no encontraba maneras de burlar a la defensa paraguaya y sus mejores ataques se limitaron a remates de Djorkaeff. Uno de ellos a los 49’ que Julio Cesar Enciso logra rechazar en medio del área chica.

El partido terminaba e iba al tiempo de alargue. Toda Francia era un suspenso.

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El gol de oro

El gol de oro fue la gran innovación de la FIFA que iba ser estrenada por primera vez en un mundial. Introducida en 1993 fue una manera de determinar a un ganador en un partido que en los noventa minutos terminó empatado. El primer gol de oro se registró en un partido entre las selecciones juveniles de Uruguay y Australia en un campeonato mundial de esa categoría. Esta regla iba a determinar el campeón de la Eurocopa en 1996 cuando Olivier Bierhoff iba a anotar para Alemania en la final contra República Checa. Más allá del gol de oro no había penales y su uso ya estaba permitido para el mundial de Francia.

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En aquél partido entre Paraguay y Francia, no había muchas vueltas. El que metía, pasaba de ronda. Sin embargo, Paraguay decidió aguantar hasta el final. La albirroja confiaba más en su defensa y en la figura de José Chilavert que en su delantera.  En cambio, para Francia no había otro camino que jugársela por completo. Aime Jacquet metió dos mediocampistas –Pires y Boghossian– y un delantero –Guirvarach–. Mientras tanto, Carpegiani refrescó la delantera con el ingreso de Arístides Rojas y Julio Cesar Yegros, esperando algún rebote, alguna pifiada, un milagro. Pero Carpegiani cometió un error. Carlos Alberto Gamarra estaba lesionado. Tenía un problema en la clavícula y pidió el cambió. El dt brasilero le negó el pedido y le dijo que aguante un poco más, que faltaba poco para que el partido. Esa decisión sería fatal.

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La única ocasión de gol albirroja en el alargue iba a ser un disparo de Acuña a los 3’ y nada más. El resto sería un monólogo francés en donde Djorkaeff, Boghossian y Pires serían los más insistentes. Una muestra de fútbol desesperada que tenía a un Chilavert imbatible. Los primeros quince minutos pasaron y Paraguay estaba a un paso de los penales. La albirroja estaba lleno de buenos pateadores como Arce, Acuña, Chilavert, Benítez, Enciso, etc. Sin embargo, Francia presionaba en un estadio en donde cada minuto que pasaba carcomía de ansiedad la incertidumbre francesa.

Pero a cinco minutos del final apareció Laurent Blanc. Un defensor que cuatros años atrás estaba con ganas de  renunciar al fútbol cuando Francia no logró clasificar al mundial de Estados Unidos 94’ y los hinchas lo acusaron como uno de los responsables de ese fracaso. Un líbero que pintaba para crack cuando fue fichado por el Barcelona en el 96’ y que no pudo tener muchos minutos a causa de varias lesiones. Sin embargo, Aime Jacquet confiaba en él y era un titular indiscutible en su equipo a lado de Marcel Desailly en la defensa. El 5 de Francia iba a ser el verdugo de la albirroja en Lens. En un equipo sin Zizou y una delantera desconcertada ante la defensa paraguay, el defensor apareció como un fantasma a espaldas de Celso Ayala y le dio de lleno a una pelota bajada por David Trezeguet que ganó a un Gamarra diezmado. El mejor arquero del mundo no pudo hacer nada. Blanc se redimía ante su público, Francia era un fiesta y Paraguay un llanto apagado.

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Zidane era más rabia que felicidad. Un enajenado en buzo de entrenamiento que corría dentro del campo con furia, golpeando el césped con violencia. En el otro extremo, el único que se mantenía en pie era Chilavert que, en forma paternal, fue a buscar a sus compañeros uno a uno. Ayala, Arce, Acuña, Benítez, Enciso. Todos caídos sobre el césped del Bollaert con una tristeza inexplicable hacia olvidar todo lo que había corrido. Solo faltaban cinco minutos. Un pestañeo y una eternidad. Aquello no tenía que haber sido así. Paraguay tenía que llegar a los penales. Paraguay tenía que haber ganado. Pero no había nada más que decir. Ese insondable misterio llamado fútbol había tirado los dados a favor de Francia y Paraguay tenía que volver a casa.

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Ese iba a ser el único partido del mundial  que se iba definir por el gol de oro, como en las canchitas, cuando alguien tenía que meter un gol para que todos vayan a sus casas. Cinco años después, la FIFA se terminaría arrepintiendo de su experimento y lo iba a eliminar del reglamento para siempre. Es por eso que para muchos, aquél hermoso domingo en Lens, no fue el día ni la hora de la mejor albirroja de todos los tiempos. Un equipo que se merecía mucho más que ser aquél que iba a cargar  con la derrota en un partido histórico e inédito.

Sin embargo, en el fútbol como en la vida, siempre hay revanchas.

Recordá el partido completo en el siguiente video.