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The Hater: las nuevas formas del odio

El odio vende y su mejor vitrina son las redes sociales. Ese espacio que canaliza lo que no se puede expresar en otros ámbitos. Donde un perfil anónimo se convierte un referente de opinión y las «fakes news» tienen más peso que las evidencias científicas. Donde los discursos de odio se disfrazan de una supuesta «libertad de expresión» y los trepadores sociales construyen su imagen a través de la polarización de ideas y la búsqueda de un enemigo en común que en realidad no existe.

«¿Cómo es posible que los fascistas vuelvan a las calles en pleno siglo XXI?». Eso se pregunta uno de los protagonistas de The Hater, esta interesante película polaca dirigida por Jan Komasa (nominado al Óscar este año por Corpus Christi) que, a través de la construcción de un siniestro personaje, critica el regreso de la ultraderecha en el ámbito político europeo, fenómeno que no es exclusivo de ese continente y que se puede percibir en otros contextos. Además, la película también intenta describir de que manera los nuevos medios sociales influyen y moldean el ascenso social de un individuo.

The Hater es la historia de Tomasz (Maciej Musialowski), un jovencito de apariencia frágil e introvertida que esconde una actitud fría y calculadora detrás de su apariencia aniñada. Tomasz no es para nada ingenuo y lo primero que uno descubre es que el joven es expulsado de la facultad de derecho por haber plagiado un trabajo académico. Ese es el primer indicio sobre el cual va girar toda la historia: la falsedad del personaje. Tomasz explotará todo lo que está a su alcance para conseguir sus objetivos, hilvanando un mecanismo de mentiras y manipulaciones que tendrán nefastas consecuencias en su círculo cercano.

The Hater, Jan Komasa. Netflix, 2020.

Es que la vida del chico no es muy divertida. Huérfano, sus estudios en la facultad dependen de la ayuda económica de los Krasucki, una familia de clase alta e ideas progresistas cuya relación con el chico empezó cuando éstos viajaban hasta el interior para pasar las vacaciones en la granja de la familia de Tomasz. Pero no solo eso nació ahí, también la obsesión en secreto del muchacho con Gabi (Vanessa Aleksander), la hija menor del matrimonio Krasucki. Una relación casi imposible de darse debido a la ascendencia rural del joven que, para completar sus desgracias, pasa los días expuesto a los contenidos más rancios y violentos de internet, trabajando como moderador de contenido en una pequeña agencia de la ciudad.

Sin embargo, para Tomasz todo cambia cuando ingresa a trabajar a Best Buzz PR, una agencia de relaciones públicas que se encarga de realizar campañas de marketing por redes sociales, pero cuyo prestigio en realidad se basa en la implementación de campañas de odio, acoso y desprestigio en redes que se encargan de generar y aplicar sobre la competencia de sus clientes. El primer trabajo que le dan a Tomasz es la de elaborar una campaña sucia para sacar del mercado a una instangrammer que se dedica a la venta de suplementos energéticos.

El éxito de esa campaña lleva a Tomasz a un escalón más importante: la política. Su siguiente tarea es la de contrarrestar la popularidad de Paweł Rudnicki, candidato a la alcaldía de Varsovia. Político de fuertes tendencias socialistas, abiertamente homosexual y con un discurso a favor de los derechos de los inmigrantes de medio oriente. Más peculiar aún es la relación del candidato con los mecenas de Tomasz, los Krasucki. A partir de estas relaciones, Jan Komasa intentará desarrollar una crítica al panorama sociopolítico que se desarrolla en Europa en la actualidad, teniendo como hilo conductor las motivaciones personales de su inestable personaje principal.

En la visión que tiene Tomasz sobre el mundo, la película intenta sintetizar torpemente como los nuevos medios han acentuado la capacidad de alienación del individuo. Tendencia que se suma al descontento con los viejos valores democráticos y que ha generado el regreso de grupos nacionalistas, fundamentalistas y racistas, no solo en el ámbito social donde ya existían casi en la clandestinidad, sino también en lo político. Justamente, es en esta dinámica en donde las redes cumplen un papel fundamental a la hora de aglutinar y brindar una plataforma de expresión a grupos que, de otra manera, solo existirían en los márgenes de una sociedad que ha pasado de condenar esas ideas, a una peligrosa indiferencia que va creciendo.

Pero el director no deja ahí su crítica. También da pequeños palos al progresismo europeo, en especial a los sectores de clase alta que, a pesar del discurso multicultural y democrático que expresan, aún no han superado esa idiosincrasia clasista que los sectores más vulnerables detestan en ellos. Las ambiciones de Tomasz discurre entre esos dos mundos confrontados. Sin embargo, al chico no le parece importar mucho el debate político que se desarrolla, sino más bien el provecho que puede sacar de todo ese conflicto en su ascenso al estatus social.

The Hater, Jan Komasa. Netflix, 2020.

En su intento de abarcar una actualidad muy compleja, Komasa termina apoyándose en lugares comunes y llenando de estereotipos a muchos de sus personajes. La jefa despiadada capaz de todo, la rubia tonta de clase alta, el gamer con tendencias a tiroteador de masas, etc. Además, el metraje del film por momentos parece alargarse de forma innecesaria transformando a su premisa en algo más interesante que la propia historia. Aunque hay que admitir que ésta tiene todos las características para convertirse en una serie con mucho potencial.

Tha Hater no se parece a la típica película de autor europea que ha encumbrado justamente a directores de ese país como Krzysztof Kieślowski o Pawel Pawlikowski. Su estilo narrativo, que incorpora elementos de thriller y suspenso, remite más a clásicos tan evidentes como el Taxi Driver de Martin Scorsese o películas más cercanas como The Social Network de David Fincher y especialmente al Nightcrawler de Dan Gilroy. Justamente, con ésta última comparte muchas similitudes, aunque la de Gilroy es mucho más siniestra y profunda en lo que propone.

The Hater es una película muy fría, cuya atmósfera se proyecta en la mirada ojerosa y carente de empatía de su personaje central. Una narración nihilista sobre como los discursos de odio terminan materializándose en actos de violencia física. La película de Jan Komaza no es perfecta ni mucho menos, pero su timing es preciso para señalar el cinismo que se ha apoderado de internet y las dinámicas horribles que se han naturalizado en los últimos años en un mundo de terror cotidiano cada vez más oscuro.

Calificación: ★★★½

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